El Garrote Vil
6 de junio de 2023
Conocido a finales del siglo XVIII en Europa como el “garrote español”, este método de tortura y de ejecución a la par, se hizo muy popular en la península ibérica sustituyendo a la horca.
Su origen se encuentra en el Imperio Romano y era bastante más rudimentario que el garrote moderno: básicamente se trataba de una soga que atravesaba un poste. En el lado que debía ir el condenado, se le colocaba la soga alrededor del cuello y, al otro lado, el verdugo accionaba un torniquete para tensar la cuerda. De esta manera fue ejecutado Publio Cornelio Léntulo en el año 63 a.C por conspirar contra la República.
Si bien fue utilizado también en China, Austria, Italia y Portugal, entre otros, donde más llegó a arraigarse fue en España y sus colonias.
En el s.XVI se utilizaba con asiduidad en los tribunales civiles y en la Inquisición española, y en torno al año 1600 evolucionó a un garrote metálico, considerándole así, una manera más humana de ejecutar en comparación con la hoguera y el descuartizamiento. La causa de la muerte de este primitivo garrote era la rotura de cuello, lo que daba lugar a un coma cerebral y a una muerte instantánea, pero nada más lejos de la realidad… La práctica distaba bastante de la “idílica” teoría y el reo moría por estrangulamiento después de una larga agonía.
En el año 1651 se dio a conocer el “garrote de alcachofa”, llamado así por el disco dentado situado al final del tornillo y que permitía que éste se clavase al poste de madera. Una manivela retraía una pieza móvil alrededor del cuello del condenado hasta que éste era aplastado contra el poste. Provocaba la dislocación de la apófisis de la vértebra axis, es decir, fracturaba la columna cervical. En teoría la muerte debía producirse de forma instantánea, sin embargo, en la mayoría de los casos provocaba lesiones en la laringe y, como en métodos más rudimentarios, el reo moría por estrangulamiento. ¿El problema? Este mecanismo dependía mucho de la fuerza del verdugo o, a veces, de su conocimiento, ya que en una ocasión, un verdugo en vez de clavar el disco dentado del tornillo al poste, se lo clavó al reo en la nuca.
En 1832, Fernando VII abolió la pena de muerte por ahorcamiento y, de esta manera, el garrote pasó a ser el método de ejecución predilecto en España. Se supone que era un método más digno, menos doloroso, más rápido… más humano. El real decreto decía lo siguiente: ”… vengo a abolir para siempre en todos mis dominios la pena de muerte por horca; mandado que en adelante se ejecute en garrote ordinario la que se imponga a personas de estado llano; en garrote vil la que castigue delitos infamantes sin distinción de clase; y que subsista, según las leyes vigentes, el garrote noble para los que correspondan a la de hijosdalgo”.
La pena era la misma, sin embargo, la palabra “vil” implicaba una forma degradante de trasladar al preso hasta el cadalso: en burro o en un serón.
Durante el último cuarto del s.XIX, se introdujo una nueva mejora no reglamentaria: un trinquete que había que el camino ya recorrido por la manivela no retrocediese, así el verdugo necesitaba menos fuerza para sostenerla.
El “garrote catalán” apareció con el tiempo, y consistía en una pieza posterior de hierro, que al incrustarse en la parte posterior del cuello del condenado, rompía las vértebras y se introducía en el bulbo raquídeo. Mejora también en la teoría más “humana” pero que siguió siendo un completo desastre en lo que a ahorrar dolor se refiere. Se llamó así por ser utilizado por el verdugo de la Audiencia de Barcelona, Nicomedes Méndez López, aunque también se asoció años después a una creación del verdugo de la Audiencia de Burgos, Gregorio Mayoral Sendino, y se llamó “garrote de corredera”.
En cualquier caso, no fue el método reglamentario y hasta la abolición de la pena de muerte, coexistió con el “garrote de alcachofa”.
Estas mejores no era extraño que fueran introducidas de manera “no oficial” por los mismos verdugos, ya que después de siglos de garrotes, había quedado claro que la muerte casi nunca era instantánea y la agonía podía durar hasta veinte minutos. Además, solían llevar sus propios instrumentos a las distintas prisiones (había pocos verdugos para todo el país), ya que no se fiaban de los que se encontraban en ellas a causa de estar estropeados, ser inservibles o tener óxido.
Los últimos ejecutados mediante este cruel método, fueron el anarquista Salvador Puig Antich y un delincuente común, Heinz Ches. Estas últimas ejecuciones fueron en 1974, pero el garrote estuvo legalmente permitido hasta la abolición de la pena capital con la Constitución de 1978.
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Castillo, A. D. (2018, agosto 16). Amo del castillo: Garrote vil. Tipos y funcionamiento. Amo del castillo.
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Breve historia del “garrote vil”, el método de ejecución predilecto de los españoles. (2022, abril 28). La razón.
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¿Qué era y cómo funcionaba el garrote vil? (2011, septiembre 9). Muy Interesante.
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Romero García, E. (2014). Garrote Vil. Rituales de ejecución, verdugos y reos en la España contemporánea. Nowtilus.